lunes 7 de septiembre de 2009

bombillo


Esta vez el chico no se cree carro, no qué va,
muy cansado andar en la calle con estas presas.
Éste se cree bombillo.
Qué aburrido creerse dios, rey o Hitler.
Nada como ser bombillo.
No es lo mismo una lámpara de piso.
El chico buscó todas las formas posibles de guindarse del techo,
¡tan hermoso iluminar desde allí!
Los psiquiatras no sabían que hacer con él.
Pero siempre hay alguien que sabe apagar la luz,
y no faltó el genio que apagara el switch.
El chico bajó lentamente,
no volvió a iluminar nunca más.
De todas las formas de buscar oscuridad,
apagar este bombillo fue la más cruel.



*Gracias a mi amiga Mamut, quien siempre ilumina, sin guindarse del techo!

miércoles 2 de septiembre de 2009



Tal vez en el sueño no tenía lógica.
Porque los muertos no vuelven.
Ella sólo sabía que él se había ido
por mucho tiempo
Y nunca supo dónde.

lunes 6 de julio de 2009

Absoluto XII


El chico se cree auto.
Se detiene en las esquinas.
Saca el brazo y anuncia que va a doblar.
Imita un pito amablemente.
Definitivamente,
a él no le afectan los precios del pétroleo.

martes 16 de junio de 2009

Justo


Aparece, en el momento justo, nunca antes, tampoco después.
Cuando llega, ilumina.
Inconmesurable.
Él lo sabe.
Ríe, me sirve vino y también él me muestra su nueva canción.
Camina y me levanta.
Llora y crece.
Tiembla y ama.
Apareció asomando su música por mi ventana, hizo parecer que dos años no son nada.

martes 9 de junio de 2009

Cursi



Tenía aproximadamente seis meses de no escribir en este blog. Inclusive en un momento quité todas las entradas porque no me gustaba nada de lo que había posteado anteriormente. Edu un día de estos me retó a que le mostrara los post que más me habían gustado, y bueno, volvieron algunos. Ese día leí la mayor parte de las cosas que había puesto por acá, y me di cuenta que había dejado tanto dolor en esta ciudad, que este lugar es tan mío y sabe tanto de mí. El tema es justamente ese, me había acostumbrado tanto a escribir de mis tristezas que no había vuelto a escribir.
Y es que por primera vez en mucho tiempo me siento verdaderamente feliz. Hoy puedo decir que me siento completa. Falta mucho, mucho por crecer, por aprender y por arreglar, pero ahí voy. Así es que volví amigos y visitantes de esta ciudad, con el riesgo casi seguro de parecer cursi, pero estoy en el Venado, para contarles que por acá todo gira y hay sol, mucha luz, una blanca luz!

martes 10 de marzo de 2009

viernes 21 de noviembre de 2008

Absoluto XII


Felicidad.

Leernos, desnudos en la cama poemas de

Miguel Hernández.

lunes 13 de octubre de 2008

No es su culpa Don Álvaro que yo no duerma todas las noches, que el té de tilo no sea más que un rito inútil, y que yo cuelgue el rostro de la abuela arriba de mi cama para que cuide mis sueños, sin ningún éxito. No es su culpa que yo haya vuelto a colgar sus fotos en la pared, sin saber que él no había vuelto aún, y que un beso al atardecer puede resultar absurdo. Y sabe usted por qué no es su culpa. No es su culpa, porque cuando me preguntaron que haría si usted estuviera todavía aquí, yo creo que usted no lo conocería. Sé que no se sorprende, los dos sabemos bien que usted nunca creyó en el amor, ni en el mío, que yo le puedo asegurar que siempre estuvo ahí. Pero tiene usted razón, ya para qué.
No crea Don Álvaro, a pesar de todo a mi me sigue atormentando la idea de que usted no fue feliz. Que ni siquiera yo, amándolo hasta el final, le pude hacer entender a usted que sí valía la pena estar aquí. No me vea de esa manera, ya sé que ya no importa. No me pida que no llore, no me pida que no lo extrañe, aunque lo odie tanto.
Tampoco lo culpo de este último mes de tristeza, de quitarle las fechas a mis días, de la computadora que no sirve, el cielo que no deja de llover, y él que no llama. No qué va, si la tristeza la dejé entrar yo, si este mes de soledad no ha sido más que mi decisión de no ser infeliz. No sabe usted verdad, no recuerda. No sabe usted de estas cosas, usted que siempre supo lo que había que hacer.
De qué sirvió que me extrañara hasta el último momento, que su mensaje fuera que se iba a ir sin verme, si usted no tuvo la valentía de llamar a mi puerta, de decirme antes de irse, que tal vez sí había existido un amor en su vida y que ese era yo. Pero usted se fue, emprendió ese viaje tan lejano, porque sabía muy bien que era más fácil huir. Cobarde. No hay tiquete de vuelta.
Y por eso sí es su culpa que yo, le tema tanto al amor. Recuerda usted muy bien todas sus palabras, todos sus actos, todas sus ausencias. Admite con culpa y con la cabeza gacha que usted no llegó aquella tarde. No llegó tantas tardes. No me intente hacer creer que está arrepentido, una vez más usted no puede mirarme a los ojos. Para qué aquella orquídea pidiendo perdón, si nadie más que usted podía romperme el corazón de la manera que lo hizo. De qué manera destruyó en un segundo, todo cuanto yo lo amaba. Cuánto desastre dejó a su paso.
Ahora la gente pelea una casa vacía, se atribuye robar tenedores finos, y haber botado millones en orquídeas. Recuerda usted ese santuario. Fue tal vez su único lugar para ser feliz. Y adivine qué, ese lugar me fue vetado. Porque usted, nunca le puso nombre a la vida, no quiso nunca ubicar almas, o al menos proteger la mía, muy a sabiendas de lo que me iba a tocar. Sabe usted don Álvaro cómo murió Akito. Murió como el resto de sus cosas, envenenado. Y ahora sí lo veo llorar. Como aquella vez, que en la esquina de su cama, usted lloraba recitando una poesía que hablaba de morir sólo. Era ese su anuncio, trataba usted de advertirme que yo tenía que estar ahí siempre? No hubiera sido más fácil pedirlo. Mire don Álvaro en lo que me he convertido. Y aunque yo insista en culparlo, usted sabe bien que no es su culpa, y ni siquiera por eso tiene ya paz. Porque sí don Alvaro, puede que usted no haya creído en el amor, pero usted sí me amó. Es por eso que vuelve, es por eso que odia que lo odie, porque sí es su culpa don Alvaro, que yo siga escribiendo esta carta eterna.

viernes 10 de octubre de 2008

Absoluto X


La tristeza no sólo duele.
La tristeza tiene precio.
Llevarlo a la cama de la mano de la tristeza,
que besara por las noches la melancolía de mi piel,
y que le hiciera el amor a la nostalgia,
al fin y al cabo, eso también tiene su precio.
La tristeza no sólo destruye, también cobra caro.

martes 15 de julio de 2008

de mis alicias


A él le heredé los dientes fuertes, la piel blanca y las lágrimas claras. Todavía lo veo dando la vuelta a cada esquina, en todos los viejos de paso lento.
Lento, como darse cuenta de su lugar en el mundo, sacar al valiente que en algún lugar debe esconderse, plantar los pies, bien adentro, para darle vuelo al alma.
Y el alma agradece, sí que agradece que una grite y se levante, que se defienda y golpee al cobarde.
El cobarde saca el puñal y una se defiende con los dientes. Entonces golpea con los puños, ciegamente, la piel detiene los golpes. Al final se naufraga en las lágrimas claras, pero libre, sin saber dónde o qué tan lejos está la costa. El cobarde apoya la cabeza entre sus manos y también llora.
Ahora no hay rumbo, y mi Alicia sigue siendo dos, sin poder con una sola. El cobarde, tumbado, sigue pateando, el que no me conoce me llama esquizofrénica, y puede que tenga razón. No estará equivocada D.C. cuando desde su ventana grita que soy una palabra grave.